… que ya vamos cara a la Navidad.
Créditos:
Detalle de fotografía de un reloj/termómetro
en Valencia, esta tarde a las tres y media, del autor.
“A los veintiún años ganó el
Premio Barco de Vapor con «Finis Mundi». Era el primer libro que publicaba y el
decimocuarto que escribía. ¿El que la sigue la consigue?
Los antiguos historiadores de la Iglesia, entre
los que se encuentra San Ambrosio, alabaron las virtudes cristianas de Elena.
La tradición le atribuye el hallazgo en el Calvario de tres cruces que fueron trasladadas
en procesión hasta Jerusalén y allí San Macario, obispo de la ciudad, tras
haber invocado una señal al Señor, pudo distinguir la cruz de Jesús por el
milagroso regreso a la vida de un joven que fue tocado con el Santo Leño. S. Elena
partió la Cruz en tres trozos: uno lo dejó en Jerusalén, el otro se lo envió a
su hijo a Constantinopla, y el tercero lo llevó a Roma junto con un clavo y una
gran cantidad de tierra del Calvario que esparció en el suelo de la Capilla.
Esta Capilla más tarde llevaría su nombre. En el “cubiculum Santae Helenae”, que según la leyenda era la alcoba privada de la emperatriz, fueron
custodiadas las Reliquias de la Pasión durante más de un milenio.
Pues bien, la Feria del Libro de Valencia, si no me equivoco de nuevo en las cuentas, ha pasado el ecuador de su
duración como en los trópicos, de la lluvia al sol sin solución de continuidad.
Y si las lluvias iniciales dejaron en más
de uno dolores de cuello intentando adivinar cuándo dejaría de llover, la
persistencia de las mismas ha supuesto que los dolores sean ahora de cabeza,
consecuencia del mal inicio que ello ha supuesto, tanto en asistencia como en
ventas (yo… aún no he ido).
Naturalmente, han empezado las primeras reacciones, en caliente, sobre cómo organizar o dejar de organizar la Feria,
pero no creo que se llegue a nada concreto. Son... Historias.
En todo caso, espero que en este último
tramo recuperen, al igual que se ha hecho con la numeración de las ediciones,
el tiempo (con sus ventas) perdido.
Lo curioso es que parece
que el habitual caos en la forma de conducir no debe influir en la forma de
definir el carril, y por tanto, hay que mantener el orden: la EMT, luego el Taxis, y después las amotos.